Cuento corto: “La extraña visita”… de Milton Chanes

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Otra noche calurosa en el pequeño pueblo de Rufino de La Rioja baja sobre la carretera nacional que une Logroño con Zaragoza. No corría el aire, aunque todas las ventanas de la habitación estaban abiertas; el aire fresco no aparecía a pesar de estar alojado en un pequeño hotel  rodeado de campo, pegado a la estación de servicio. Ventilador no había, y el aire acondicionado resultaba muy molesto para su delicada garganta con lo cual, era mejor pasar calor que sufrir al otro día las incómodas placas que se formarían y que dolería al tragar.

Era la segunda noche que tenía que pasar allí. Gerard Pottier no podía aguantar más esta situación sin explicación todavía. Simplemente había recibido la orden de aguardar la visita de una persona que llegaría desde Barcelona; únicamente sabía que era una mujer. Cuando la visitante estuviera cerca recibiría un SMS en clave que diría “rufino1595”. Podía ser a cualquier hora y cualquier día de los próximos 13 días. Tampoco entendía el hecho de que lo obligaran a alojarse en el hotel bajo su nombre real, y que no olvidara cargar combustible y realizar compras en la estación con su tarjeta de crédito personal. Todo era muy raro, diferente, pero no podía preguntar. Sólo tenía que aceptar la orden. En definitiva llevaba en servicio 5 años desde que terminó su largo entrenamiento. A sus 27 años, era el más joven de su equipo y el único que no tenía familia. Le costó mucho que sus compañeros de escuadrón lo tomaran en serio por su juventud. Pero al final había conseguido ser el más laureado del equipo, aunque también el que más forzaba el reglamento al límite. Había conseguido el respeto de sus colegas, aunque fuera de lo profesional le seguían tratando como si fuera un niño.


Gerard estaba acostumbrado a las citas extrañas en lugares alejados y con personajes misteriosos constantemente, pero siempre en territorio Francés y nunca en España. Algunas veces era ETA, otras veces buscando terroristas islámicos e incluso del IRA. Pero siempre solía saber de qué se trataba. Esta vez, el secreto era absoluto, lo cual le preocupaba un poco más que de costumbre. Más sabiendo que ese personaje viajaría tras su reunión al cuartel general de Bordeaux, lo cual lo hacía más extraño aún. Algo no encajaba, tenía una extraña sensación que lo mantenía al 100% de sus capacidades. Aunque el aburrimiento de esperar estaba pudiendo con él.

Tras dar vueltas y vueltas sobre la cama buscando poder dormirse, no podía evitar mirar el cielo estrellado. Para una persona que vive habitualmente en París, tener la oportunidad de ver que, por las noches, existen estrellas es casi un privilegio que hay que disfrutar. Verdaderamente, allí no había contaminación lumínica y se veía a la perfección la vía láctea. – “¡Cuantas estrellas!”; pensó mientras se relajaba. Al poco tiempo consiguió el sueño deseado…

Rrrrmmm rrrmmmm sonaba el vibrador de su Blackberry. Eran las 5 de la mañana, y el maldito teléfono había conseguido despertarlo. – “Maldita sea” pensó. Miro extrañado que tenía una llamada perdida, de un tal rufino1595. No entendía, ya que la señal sería un SMS y no una llamada, y muchos menos que lo tuviera configurado en su teléfono bajo ese nombre. Mientras intentaba entender y razonar lo que estaba pasando, el teléfono comenzó a vibrar nuevamente. Rufino1595 estaba intentando comunicarse.

Apretó el pequeño botón semiesférico de su teléfono para aceptar la llamada y se acercó el teléfono diciendo: -“Alo”. Y del otro lado una voz masculina contestó: -“¡Corra!. Es una trampa, salga inmediatamente de esa habitación. El lugar está a punto de explotar. Lo espero al otro lado de la carretera”- y cortó. No había tiempo para razonar. Su entrenamiento le había enseñado a estar siempre alerta y casi instintivamente cogió su arma y salió corriendo del lugar sin apenas ropa. Bajó las escaleras corriendo y al llegar a Planta Baja, pudo ver el coche aparcado al otro lado de la carretera. Con las luces encendidas. De repente, su habitación explotó. Instintivamente se agacho y protegió la cara de la ola de calor y comenzó a correr, cuando de manera inmediata comenzaron a explotar otras habitaciones y al final la propia estación de servicio confundiéndose en una sola explosión.

La fuerte onda expansiva tiro varios metros por los aires a Gerard que tras recuperarse dolorido pudo reincorporarse y ver como el coche le hacía señas. Era rufino1595 que lo esperaba con la puerta de acompañante abierta. No lo dudo y corrió hasta el coche como pudo y casi sin pensarlo se sentó en él. Al ver al conductor, saco su arma y le disparó.

Escrito por Milton Chanes 

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