Redes indefensas: (una historia de ficción)

Afghanistan
Tras el portazo de la furgoneta, apenas se escuchaba el sonido de los agentes que han quedado al otro lado. Jacob casi no veía tras la paliza que le habían otorgado esos que decían ser del gobierno. ¿De que gobierno? si apenas hablaban español, y no sabían hebreo. ¿Serían americanos?, quizás ingleses. Quien sabe. Tenían aspecto de árabes, pero su vestimenta era más bien occidental. De todas maneras que podría saber Jacob, si apenas era capaz de recordar quien era tras la explosión, y encima el interrogatorio que parecía no acabar nunca. Y ahora esto, en una furgoneta con rumbo a cualquier parte…

-“Hola. ¿Te encuentras bien?” – dijo una voz, de alguien sentado al otro lado de la furgoneta, hablando en castellano con un marcado acento alemán. 

Jacob, se esforzaba por conseguir ver la cara del hombre que hablaba, pero su visión estaba mermada por los golpes y no conseguía distinguirlo. -“¿Bien?. ¿Tengo aspecto de estar bien?”, preguntó con ironía. 

-“Me da la sensación que tú no le has caído bien a esta gente”, murmuró el hombre. 

-“Vete a la mierda”, profirió Jacob en hebreo, a la misma vez que la furgoneta comenzaba a moverse. 

… 3 horas más tarde, la furgoneta se detuvo. Fue algo brusco, casi se podía escuchar como había patinado. Seguro que habían estado en un camino secundario, por el ruido que hacía la furgoneta al moverse tras cada curva. Y esa frenada, como si hubieran decidido parar de golpe. Entonces se escuchó voces, y como se abrían las puertas y como alguien intentaba abrir la puerta trasera. Al abrirse, entró mucha luz, que encandiló momentáneamente…
-“Profesor, ¿se encuentra bien?” – dijo el visitante, – “Soy Omar ¿me recuerda?”.

-“¿Omar?”, dijo Jacob mientras intentaba protegerse de la luz, – “¿Omar Moukarzel?.
-“Si señor, ese mismo”, contestó.

-“No quiero interrumpir tan agradable encuentro, ¡pero quien coño son todos ustedes!”, dijo el hombre de la furgoneta. 

-“Tranquilos”, dijo Omar – “Ya están a salvo”.

-“¿Qué esta pasando?” preguntó Jacob. 

-“Ahora no puedo explicarle profesor, pero necesito que bajen de la furgoneta y vengan conmigo a un lugar seguro”, dijo Omar.

-“Yo no me muevo de aquí”, sentenció el segundo hombre de la furgoneta. Entonces Omar levantó su arma y le apuntó, diciendo: “me temo que no tiene elección Profesor Ottovordemgentschenfelde”, en un perfecto alemán. 

-“Ok, ok. Si insiste…”, dijo en tono irónico, mientras ponía sus manos por delante como en señal de rendición, mientras ambos bajaban de la furgoneta.

Así, se vieron rodeado por un grupo de 6 o 7 hombres fuertemente armados que los protegían a la vez que lo escoltaban hasta una puerta de metal, que parecía ser la única entrada de la propiedad rodeada por un muro muy alto de unos 3 o 4 metros de altura. Apenas se veían algunas viviendas a lo lejos, por el lado izquierdo del edificio. Mientras que por la derecha apenas se distinguía un grupo de montañas que parecían indicar el fin del mundo. Pero bueno, así era Afganistán. 

—continuará—-


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