Autodesk Revit

¡Quiero ser Cinturón Negro!

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Hablemos de una historia imaginaria, que bien podría ocurrir a cualquiera de ustedes, sea chico o chica. 

Un día, saliendo de la universidad a horas intempestivas, camino del coche, o de tomar el autobús o metro, te encuentras paseando por una acera poco iluminada, y las sombras de la noche hacen ese efecto de mezcla entre miedo y alerta que son un cocktail muy estresante, durante pocos minutos.
Entonces, escuchas pasos por detrás de tí. Algo lejos, pero son de hombre y vienen algo más rápido que tú. Entonces entramos en alerta. Es inevitable. Evitamos darnos la vuelta para no parecer unos “miedosos”, pero no podemos evitar mirar por el reflejo del cristal de algún coche para ver si distinguimos quien viene por detrás. Incluso no falta quien directamente como disimulando cruza de acera y así aprovecha para mirar hacia los dos lados. Todo empeora si notamos que la persona que viene detrás también cruza. Entonces el estado de alerta es total. ¿Les ha pasado alguna vez?

Ese día, las chicas que lleven algún tipo de defensa en Spray no dudarán en tenerla apretada en una de sus manos. El chico, estará alerta y ambos, con toda seguridad pensando, si hubiera aprendido Karate, o hubiera seguido Karate. ¡Si yo fuera cinturón negro! uno llega a pensarlo en voz alta. 

El hecho es que siempre, en nuestra vida, o incluso más de una vez, uno sentirá la necesidad de ser cinturón negro. Ya no sólo para defender, sino por la seguridad que supuestamente da saber “pelear”. 

Recuerdo una vez, Fernando compañero de karate, que por entonces era segundo dan, y gerente de una oficina bancaria en Uruguay. Una vez, entraron a robar a plena luz del día. Iban armados. El miedo lógico de la escena. Preguntaron por el director, salió este amigo, y prácticamente sin cruzar palabras le entregó todo el dinero que habían ido a buscar. Sus compañeros, y colegas después, le dijeron ¿pero no se te ocurrió hacer nada con todo lo que sabes de Karate y además con varios torneos ganados? Dijo “¿como que no hice nada?”. Estaban armados, venían a buscar dinero que teníamos y está asegurado. Lo más sensato era dárselos, que se vayan rápido y llamar a la policía. Nadie perdía nada. Además los atraparon pocos días después. 

Quizás ese que nunca ha ido a Karate se frustraría pensar que lo primero que enseñaba Gishin Funakoshi era que cuando el karateca peleaba, es que había fallado todo lo que había aprendido. El karate no va de pelear, ni siquiera de defenderse. Sino simplemente de saber que uno puede lastimar a otro, y por ello no lo hace. No hay ningún motivo para hacerlo, porque cuando más te perfeccionas no necesitas medirte contra otro para saber que ganarás. Siempre ganarás. Y si te toca pelear, entonces has perdido, y el otro también. Es como el león que mira una mosca. Ni siquiera piensa en ella, no hay nada que demostrar.

Cuando llegas a cinturón negro en Karate, la diferencia que tienes con un cinturón blanco es que el novato terminará haciendo unas 600 veces cada técnica durante el año. Mientras que el cinturón negro habrá pasado las 800 mil veces cada técnica. Esa es la diferencia entre los colores. La experiencia. 

En arquitectura, cuando hablamos de aprender algo nuevo como Revit u otro BIM, aparece siempre el rechazo a lo nuevo. Siempre parece complejo, que se puede dejar a un lado. Que ya tocará… hasta que un día uno se ve caminando por esa acera de noche y piensa ¿porque no seré ahora cinturón negro?. Porque tarde o temprano necesitarás saber usar un BIM, y es mejor que cuando ese día llegue, seas cinturón negro y no un simple novato. Pero para eso hay que empezar hoy, para que cuando llegue el día no estes buscando cursos para ¡convertirte en cinturón negro! en 3 meses. Ve paso a paso. Que la única diferencia entre lo que te voy a enseñar de Revit en el nivel 1 y el nivel 2,  a cuando seas experto, es la experiencia que hayas adquirido. Las horas de vuelo, serán tu graduación… y entonces serás cinturón negro. 

El experto no existe como tal, al menos no es un punto que se alcance. Simplemente es alguien que empezó antes que tú, y lleva más tiempo. La distancia entre tú y el experto es el tiempo. Yo puedo enseñarte el camino… y serás experto, un día, o al menos tenderás a ello como una curva que crece hasta tender al infinito. Aunque cuando llegues a la meta que ahora te impongas, verás que siempre hay más cosas por seguir aprendiendo. 




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