Internet de las cosas y la Era Cognitiva

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Hace 50 años, los grandes cambios aparecían cada 20 años, pero hoy día los grandes cambios aparecen cada 2 o 3 años. La velocidad en la que evolucionan los elementos tecnológicos son vertiginosos. Cualquier idea que hoy alguien pudiera tener, aparece en el mercado en 3 años. Las ideas de cada uno de nosotros surgen de nuestro entorno. Nuestro cerebro capta información, ve problemas y soluciones constantemente. Ese bombardeo de información lo recibimos en España de la misma manera que se recibe a la misma vez en Bombai, Shangai, Nueva York o Ginebra. La información se organiza y de cada 1000 personas que reciben los mismos datos es probable que 15 o 20 se les ocurran soluciones similares, o ideas similares. 


Hace 150 años, un inventor italiano y otro norteamericano podían patentar casi a la misma vez un invento similar, sin conocerse, ni tener jamás contacto entre ellos. Son muchos los casos donde aparecen inventos similares en un mismo espacio de tiempo, en lugares totalmente distintos. Sin embargo, quitando el factor “copia”, ambos inventores recibieron más o menos la misma información que los llevo a concebir ideas similares para resolver el problema. Existen casos de este tipo que se pueden contar con los dedos de nuestras manos.

Pero hoy día esto ocurre casi a diario. Uno sabe que cuando tiene una “gran idea” para una app, si tarda 15 días en crearla, aparecerá alguien que la haya creado, simplemente porque vio el mismo problema, y pensó en una solución similar. Encima, cuando estamos ante tanta información diaria, resulta que se nos ocurren ideas y soluciones varias veces durante el día. 

Hagan un ejercicio, anoten en un papel todas las ideas que se les ocurren hoy. Repitan este ejercicio mañana, y verán como en pocos días escuchan que alguien ha creado eso que ustedes habían pensado. ¿Porque ocurre? Simplemente porque cuando personas con inquietudes similares reciben la misma información, terminamos haciendo conexiones de pensamientos que nos llevan a una solución, una “idea”.

El “Internet de las cosas” ha empezado hace algunos años, aunque muchos ejemplos han pasado desapercibido. Estamos tan acostumbrados a ver los progresos a nuestro alrededor que no somos capaces de abstraernos un momento para recapacitar en el momento exacto en el que estamos. Los objetos hace varios años que han empezado a conectarse entre sí. El concepto “CLOUD” nace con la idea de tener “nuestra información” disponible desde cualquier dispositivo, conectándolos así a un “centro de datos”, nuestra “nube”.

Poco a poco esa “nube” forma parte de nosotros casi sin saberlo. Nos hemos acostumbrado a ella sin darnos cuenta. Vemos una película a la noche en nuestra TV a través de Netflix, y quizás no somos conscientes que al otro día cuando queremos terminar de ver el final, nos vamos al PC o a la tableta y seguimos exactamente donde lo habíamos dejado. Hace un tiempo cuando aparecieron los Kindle (de amazon), y podíamos cerrar nuestro libro electrónico y abrirlo en el mismo lugar, nos parecía increíble. Hoy día, 7 años después es cosa de todos los días.

Recuerdo una charla en el 2008 en Zaragoza, donde Javier (un empresario Aragonés) me contaba como Boing estaba trabajando en un proyecto para crear “Drones” que en 10 años fueran capaces de llevar mercadería de un continente a otro. Drones que tuvieran la capacidad de una “furgoneta grande” para transportar de un punto a otro, sin necesidad de aeropuertos. Despegando desde el propio polígono industrial. Entonces, parecía algo extremadamente lejano. Casi ciencia ficción. Sin embargo, a 3 años que se cumpla ese pronóstico, ya sabemos que los drones forman parte del día a día en las guerras modernas, y no parece raro que veamos esos aparatos de boing de un momento a otro. Los drones para uso comercial son una realidad que están siendo frenados, más que nada por problemas burocráticos, más que técnicos. 

Desde hace varios años que podemos contar con una casa inteligente. La domótica nos permite dar “vida” a nuestra vivienda automatizando tareas como puede ser regar el césped, o bajar y subir las persianas de la ventana en función de la cantidad de luz que proviene del exterior, entre un sin fin de cosas. Lo mejor es que todo se puede controlar desde nuestros teléfonos. Por lo tanto el “Internet de las cosas” hace tiempo que ha comenzado sin que hayamos sido capaces de pensar en ello. Lo que cambiará en el futuro, no es que podamos crear acciones automáticas, sino que los aparatos entre sí sean capaces de comunicarse y resolver problemas sin que sea necesaria la intervención del hombre. Sí, lo sé. Si pensamos bien en esta frase da un poquito de miedo. ¿Aparatos que sean capaces de encontrar un problema y puedan resolverlo sin la intervención del hombre? Espeluznante, ¿a que sí? pero a la vez fascinante. 

El primer “gran artefacto inteligente” será el coche y como se comunicará con su entorno. Cuando nos acercamos a una “cebra” esta será capaz de detener nuestro coche en cuanto detecte que hay personas esperando a cruzarla, o esté cruzándola. Los semáforos no serán necesario porque los coches se comunicarán entre sí y con la ciudad, con lo cuál sabrán exactamente a que velocidad ir, y cuando detenerse. El “Internet de las cosas” cambiará por completo el concepto de servicio. Cuando tengas un accidente en la carretera, será la propia infraestructura quien envíe información a las autoridades e incluso dé aviso a la grúa. Sólo habrá que esperar unos minutos desde que ocurre el accidente. Las luces en los coches no serán necesarias porque a través de los cristales del coche podremos ver la realidad aumentada que nos apetezca. Desde cambiar la ciudad que estamos viendo, hasta la propia realidad del día/hora. Los “limpiaparabrisas” podrán desaparecer por fin 120 años después de su invento, porque el coche será capaz de mostrarnos a través del cristal una realidad alternativa sin lluvia. O bien, será capaz de conducir sin que tengamos que preocuparnos por lo que se ve, o como se ve. 

Los robots ya son una realidad en nuestras casas. No hay que pensar en los robot humanoides únicamente, algunos sólo aspiran de manera automática y están en 1 de cada 50 viviendas en Europa. Algunos sirven para facilitar el día a día de personas mayores y ponerlos en comunicación con sus médicos de cabecera. Los robots ya están aquí, y poco a poco los iremos viendo ocupando cada vez más servicios, en la medida que sus propios precios bajarán. En 10 años un robot humanoide se podrá comprar por el equivalente a 1000 euros de hoy día.

Todo ello ya ha comenzado. No es el futuro, es el presente. Sin embargo, lo más espectacular de todos estos cambios no es la conexión entre objetos inteligentes, sino el inicio de la “Era Cognitiva”, a través de la “Computación Cognitiva”. Es decir, la capacidad de actuar en función del entendimiento centrado en la información. Algo que está relacionado directamente con el “internet de las cosas”, donde las máquinas “pensarán “casi” como humanos”.

La computación cognitiva (por ejemplo desarrollada por IBM) permite recoger una gran cantidad de datos estructurados y complejos, para convertirlos en conocimiento y experiencias. Algunos pensarán ¿acaso no iba de esto la película Matrix? 

Lo sé. Todo esto genera un cierto grado de miedo y fascinación a la vez. Pero la “Inteligencia Artificial” es una realidad, donde IBM propone una herramienta para cambiar los modelos de negocio y transformar para siempre la manera en que se trabaja en las organizaciones. Haciendo que los sistemas cognitivos sean capaces de aprender a través de la experiencia y encontrar relaciones entre los datos, imitando la capacidad de nuestro cerebro. Evidentemente las computadoras cuánticas que veremos en poco tiempo, serán la combinación perfecta para trabajar con un sistema complejo de datos. Sin embargo hoy día, a través de grandes servidores se pueden almacenar datos y combinar la información para poder realizar estudios y definir estrategias que permitan tomar mejores decisiones, y reducir costes, para alcanzar más y mejores resultados en menor tiempo.

Disfruten, para bien o para mal, el “futuro” ya llegó.

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