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Crónica de un viaje a Verona (en coche)

Todo comenzó con esta locura de entrenar Karate e intentar llegar en las mejores condiciones posibles, dentro de mis limitaciones físicas/edad, al próximo campeonato europeo. Ya ha quedado atrás el mundial en Polonia, un evento increíble, y una experiencia fantástica junto a cientos de competidores de todos los países. Toda una aventura… pero ya ha pasado el mundial, y el próximo gran reto es poder participar del europeo (¿por Italia, por España?, ya se verá…). Lo importante es la preparación. La excusa, ese escalón que permite ofrecernos un paso más adelante, para alcanzar el siguiente. Los campeonatos sirven para medirse a uno mismo. Al final, donde hay 80 competidores de alto nivel, con 10 años menos es muy difícil estar a su altura. Pero ¿que más da? Aquí no hay cámaras (salvo los teléfonos), ni hay premios, es uno contra sigo mismo, y poco más. O ¿para que más?.

Sin embargo, esto ha servido de excusa (una vez más) para viajar. Esta vez rumbo a Verona. Las posibilidades de transportes son variadas, y el avión es el medio que más tienta. Salvo que quieras ir con la familia, y entonces las cuentas no salen y el coche empieza a ser una alternativa. Al menos a priori, aunque claro, son 1.600 km. Ahí empieza la aventura. Preparando móviles, descargando películas de Netflix para el viaje (ahora deja descargar), el mate (cosas de uruguayos)… ahora sólo falta el alojamiento, y elegir la mejor ruta. Aunque claro, en 1600 km pasan tantas cosas que siempre hay que tener rutas alternativas.

Antes de encender el coche, la pregunta viene de los asiento de atrás -“¿cuánto falta?”. Y mientras corriges la posición del espejo y miras hacia atrás y ves esas pequeñas caritas de 10, 8 y 6 años asintiendo con sus cabezas la pregunta de la más pequeña (la preguntona), sabes que cualquier respuesta que des, obligará a más preguntas. A pesar que te has preocupado en mostrarles en Google a donde vamos, y les has enseñado todo lo que necesitan saber. Te has preocupado en explicar punto a punto lo que va a suceder en la carretera, y les has dicho que hagan una lista de las ciudades más importantes por las que vas a pasar a fin, justamente, que sepan que cuando llegue la noche, sólo habrás hecho la mitad del camino. Pero no hay caso. Da igual toda la tecnología existente, da igual que el GPS diga 1600 km a su destino. Aunque sepan exactamente donde mirar en el GPS para no hacer esa pregunta. No hay manera. Como lo  hacía yo cuando era pequeño y salíamos en el viejo Bell-air del ’54 rumbo a Rocha (en Uruguay) para hacer 800 km, y viajábamos a un promedio de 72,80 km/hora. No es que el coche tuviera un velocímetro digital, simplemente no funcionaba, así que mi habilidad en matemáticas (para niños menores de 10 años) consistía básicamente en un reloj Casio con cronómetro, que usaba para cronometrar el tiempo entre dos postes indicativos de kilómetros en la carretera en Uruguay. Así, sabiendo el tiempo que había transcurrido en 1 km, podía calcular a que velocidad estábamos viajando. Me acordé de esto cuando miraba en el espejo hacia el asiento de atrás, y pensaba, pobre de mi padre teniendo que aguantarme cada 5 minutos con un nuevo cálculo de velocidad. Ahora vamos a 85, ahora vamos a 78, ¿se imaginan? O siendo incluso más pequeño (5 o 6 años), que gracias a una radio cassette marca National (no me pregunten el origen porque lo desconozco), viajábamos cantando “Los Parchis” (sí, esos mismos, “Los Parchís”). Hoy día los niños escuchan a Maluma. Así que el viaje se antojaba largo… muy largo.

Hablar de todo el viaje se puede hacer también largo, así que me voy a centrar en algunas cosas que me parecen interesantes a tener en cuenta para quien decida visitar Italia. Da igual en que vayan hasta ahí.

En mi caso, y a pesar de las previsiones de entrar en Italia por Ventimiglia (por la ruta del mediterráneo), el GPS hizo de las suyas en Orange (Francia) y en vez de llevarme hacia Aix-en-Provence decidió ponerme rumbo a Lyon. No era mala la idea, ya que la distancia es algo más corta (unos 90 km menos), pero la verdad en 1600 km, 90 km es “cambio chico” (expresión de Uruguay, referida a la vuelta en el dinero). Sin embargo, aunque me di cuenta tras entrar en la nueva autopista francesa (que por cierto, nos quejamos de los peajes en España, pero a “eurito” te van arruinando los de Hollande), ya no había vuelta atrás. Total, la distancia era menor así que ir por un camino diferente (ya conocía el camino por Génova) me pareció divertido. Entonces, en una parada de rigor, para el cambio de líquidos, y tras la pregunta bien esperada de “¿cuánto falta?”, un vistazo al mapa ofrecía una alternativa interesante, ir por Grenoble. Una ruta más corta, e incluso con un paisaje fabuloso.

Ya era el otro día, tras una noche en un hotel de carretera antes de seguir la marcha. No tenía ni idea por donde iba a pasar a Italia, debo confesar mi ignorancia al respecto. En la carretera (aún del lado francés) la gente empezaba a conducir de manera extraña. No digo mal, sino extraña. Maniobras imposibles, adelantamientos por lugares inapropiados, velocidades extremas que llegué a pensar que los 130 que decía la autopista era el mínimo, y no el máximo, y kamikazes al volante con matrículas de Francia. Algo que resultaba muy raro, ya que son conductores muy respetuosos en otras partes de Francia. Sin dudas, pensé, están influidos por los Italianos (que conducen de manera horrible en general). De todas maneras (al final también soy Italiano) me iba quejando de las bestias al volante que nos encontrábamos en el camino y quizás estaban buscando una oportunidad para ocupar el asiento que ha dejado Rosberg, aunque en ese momento no sabía que Rosberg nos daría esa gran noticia que puede permitirnos ver a Alonso y Hamilton juntos otra vez. (Movistar se debe estar frotando las manos por las ventas del canal “Motor” que harán, e incluso ya se respira hasta la propia vuelta de Lobato ¿a que sí?. Bueno, me fui de las ramas…

El hecho es que tras haber gastado mil millones de euros en peajes franceses, llegamos a la puerta el túnel que pasa por debajo del Mont-Blanc. Había oído hablar de él, pero no sé porque nunca me imagine que fuera taaaaaan largo, unos 15 km que me parecieron eternos. Incluso en ese momento llegué a pensar que era más largo que el que cruza el canal de la mancha (aunque sabía que no, se me hizo eterno). Sentí la misma sensación de ahogo que en el túnel del canal de la mancha, aunque sólo me pasaba a mí. Imagino que habrá influido en mí saber que encima tenía 4800 metros de montaña, y empezar a recordar aquel accidente famoso del 99 donde murieron calcinados en ese túnel más de 30 personas. O quizás no fue nada de eso, y fueron los 54 euros que nos cobraron de peaje ¿54 euros?. Creo que fue eso, porque cuando me dijo si sólo era ida y vuelta, y vi el precio, dije… “sólo ida” con total seguridad. Creo que lo dije incluso en francés, para que no hubiera ninguna duda. Eso sí, al otro lado, en el Valle d’Aosta nieve, ríos congelados que querían caer pero algo los detenía y miles de pequeñas cascadas que se habían formado. Precioso, ya estábamos en Italia…

Ya saben, fotos, más fotos, vídeos, y la pregunta ¿cuánto falta? Pues al menos ahí ya faltaba menos en distancia, pero no en tiempo… quedaba pasar por Milano, ¿han ido alguna vez? ¿y en coche?.

Italia es un país increíble, con gente fantástica, y una comida conocida en todo el mundo. Al menos algunas de ellas, bueno la pasta, la pizza y el helado. El italiano en general se viste bien, le gusta estar “coqueto”, y en algunos lugares dan la sensación que midieran un poquito más de altura, no sé si me explico. Tienen muchísimas cosas buenas, pero tienen cosas malas. Una de ellas es que simplemente no saben conducir. Sé que lo dije antes, y seguramente ya lo sepan, pero de verdad no saben y son hasta peligrosos. Nunca voy a entender como Ferrari contrató a Massa cuando tiene unos 60 millones de conductores más temerarios, con sangre fría y que saben ir por la nieve y el agua sin temor a nada. Otra vez me fui por las ramas… En fin… la cuestión es que llegando a Milano uno sabe que está cerca de una ciudad importante, grande, enorme incluso. Pero no es como llegar a Madrid, o a Barcelona, donde también hay atascos. Esto es distinto, hablamos de que 120 km antes de llegar a Milano empieza el caos en la autopista (que por cierto, no te quejes de los peajes de Francia porque luego vienen los de Italia)… El tráfico se enlentece. Tienes una autopista de 3 carriles, los lentos van por la izquierda, los menos lentos en el medio, y los rápidos juntos con los que están prácticamente parados van por el carril derecho. ¿Y que ocurre cuando en un mismo carril tienes coches semiparados y los más rápidos del lugar? que surge el slalom automovilístico (aquí es donde Ferrari se ha perdido grandes fichajes), y por cierto que bien van los Fiat de costado. A esto súmale ambulancias que de repente aparecían de la nada con las sirenas y que nadie les dejaba pasar. Creo, que los italianos sabían que ahí, en esa ambulancia no había nadie y era sólo para abrir paso. La verdad, yo si en ese momento tuviera una sirena, se la ponía al coche. Sólo tardamos 2 horas en hacer 25 km  y en total unas 6 horas en hacer unos 200 km. ¿Aburrido? para nada, te pasas el tiempo frenando de golpe, acelerando, viendo como el camión de atrás se cambia al carril de al lado para no avanzar nada, y luego querer volver al mismo carril. Por momentos, casi prefieres atravesar otra vez el túnel y recuerdas la frase de la señora del peaje (que por cierto ya podría ser más simpática con lo que cobran) (lean esto con voz de ultra tumba) -“¿quiere ida o ida y vuelta?”. En ese momento querías volver, pero ¿a donde?, ¿por donde?… mientras escuchaba los ¿falta mucho?… se hacía la noche y ahí estábamos atravesando Milano… rumbo a Verona. No faltaba mucho en distancia, pero el tiempo se antojaba lento, muy lento.

Quizás la reflexión más importante para el tráfico en Italia (además que no saben conducir), es que da la sensación que toda Italia se estuviera mudando día tras día. Sino uno no se puede explicar porque hay tanto tráfico. Es demasiado, y en todos lados. Es como si los italianos tuvieran 2 coches cada uno, y salieran en ambos a la vez. En el momento que vas por la autopista atravesando Milano te das cuenta que es un país que insulta a sus ciudadanos. Así de sencillo. Hace 10 años estuve haciendo esa misma ruta y el tráfico era imposible. Ahora, en esas carreteras hay carteles (antes no estaban) que dicen, cuidado “zona de atascos”. ¿En serio? esa es la solución. Poner un cartel (varios en realidad). En 10 años, ahí no han ni pavimentado (bueno, tampoco sé como podrían hacer para cortar un carril, sería imposible). Ese país necesita infraestructuras de cero. Es que parecen que fueran gratuitas, cuando alguien ahí gana millones de euros al día en peaje sin poner nada en la carretera. ¿Raro? Sabemos que no… Pero de verdad que las infraestructuras ahí son insultantes. No para quienes vamos una vez cada 10 años. Sino para quienes viven ahí y tienen que sufrirlo a diario. Ya sé que es normal que las circunvalaciones de las grandes ciudades sean caóticas en horas puntas. Pero son horas puntas, y días punta, en Italia son años punta, e incluso lustros punta.

Y se preguntarán y ¿Verona?… sólo diré que tiene uno de los centros más bonitos que he visto en una ciudad europea. Una ciudad preciosa, pero el centro… el casco antiguo. Puf… precioso, especialmente por la noche. Sólo por eso vale la pena ir a Verona… ;), y mucha gente allí aprende en los colegios Español, sin complejos. Una gente amigable, fantástica, buena comida, precios normales (respecto a España). Aunque eso sí, recuerden que en Italia cobran por ir al baño en la mayoría de los lugares (salvo que estés comiendo allí). Así que hay que prevenir que una coca-cola cuesta 3 euros, y una cerveza entre 3 y 5 euros. Simplemente porque al precio de la bebida hay que sumarle luego el 1,50 que te cobrarán por ir a cambiar líquidos. ¿Una tomadura de pelo? Sí, porque si al menos los baños estuvieran limpios, pero son iguales de sucios que en todos lados, sólo que debes pagar por ello. Pero nadie se queja, lo toman como algo normal. Así que será normal… pero hay que tenerlo en cuenta, porque si vas con hijos, todos quieren ir al baño, a la vez… siempre. Y cuando escuchas “tengo sed”, aunque hubiese una fuente de agua (que no la hay tampoco), siempre recomiendas “cariño no tomes mucha que te hará mal”… (pal bolsillo, piensas)…

 

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